verano

- El mapa de un tesoro -

Hay sensaciones que sólo pueden sentirse de manera auténtica por primera vez . 

 

Nos acostumbramos a ciertos paisajes, olores, caminos... y dejamos de prestarles la importancia que merecen. Las costumbres nos vuelven perezosos de lo cotidiano. Pero hay algo que siempre ansío cuando se va acabando el verano: Hace unos años alguien me enseñó un camino que conservo como un mapa del tesoro y al que me gusta jugar a descubrir una y otra vez. Sorprenderme por el hecho que las escaleras y los pinos sigan ahí temporada tras temporada. Los grillos y las chicharras acompañan mis pasos sobre la pinaza, y el olor a verano, el mar y las noches estrelladas pueden percibirse a cada paso. El agua siempre está fría cuando poco a poco me sumerjo en estas aguas cristalinas y el musgo y los pequeños peces hacen cosquillas a mis pies resbaladizos, que sienten una vez más el frescor intenso de este verde aguamarina. Y podría viajar a través del océano, bucear todos los mares y conocer a todos los peces, que siempre volvería a este rincón, a sentir la libertad y el frescor de flotar en la inmensidad de un recuerdo que siempre se vuelve brillante y único al sentir todo mi cuerpo debajo de este agua, que se vuelve más y mas transparente a medida que me alejo de la orilla. 

Y, cuando mi respiración dice basta, salgo a la superficie, e invito al pirata que me acompaña a zambullirse a buscar conmigo el tesoro de ese mapa que nunca me canso de encontrar. 

- Tenemos suerte, mucha. -


No nos hemos dado cuenta y ya ha pasado otro verano. 


De vuelta y con mis carretes revelados repaso una a una las fotografías de la brisa de la mañana, del olor a higos, de los espejos humedecidos y de las chicharras en noches de estrellas, noches de ésas de finales de Agosto en las que un jersey se vuelve imprescindible. 
Tenemos suerte, mucha. De ser capaces de disfrutar con pequeños paseos, de dormir hasta no poder más, de que la imagen que nos devuelve el espejo nos haga sonreír. Y una vez más hemos aprendido que el verano nos hace ver las cosas con perspectiva, que el tiempo se dilata y que lo importante se vuelve un poco más pequeño, a veces, incluso desaparece. Y sentimos ese ritmo interno que hace que todo vuelva a ponerse en su sitio, para volver. Volver a empezar,  volver a tener suerte.