monica bedmar

· El cordón de un zapato ·

Escribir algo con calma es mi utopia más preciada últimamente.  El vaivén de los últimos meses me lleva a un perfecto caos que desordena mi vida por completo. 

Entre tumbo y tumbo por distintas ciudades, con gente nueva y amigos de siempre, me voy dando cuenta que todas mis prioridades han cambiado y que hablando claro, no estoy por hostias. La maternidad me ha colocado en un estado de observación emocional que me ha dejado descolocada en muchos ámbitos de mi vida, y aunque poco a poco me voy situando de nuevo hay lugares que son nuevos para mí y otros a los que no quiero volver. 

Me he reencontrado con partes de mí misma que creía olvidadas, he perdido la poca vergüenza que me quedaba y me he quedado con lo esencial. Porque tengo tanto amor dentro, que todo lo banal, superfluo o que se complica sin razón alguna, ha dejado de importarme porque no me cabe en el corazón. 

Hace unas cuantas semanas, quizás un par de meses ya, volvía de casa de una amiga. Era tarde, sobre las doce de la noche y hacía frío.  Yo llevaba a Alma envuelta en mis brazos con un manta y un pañuelo. Salí con prisas a la calle y olvidé atarme el cordón de un zapato. Me di cuenta parada, en un semáforo de una avenida. El viento era realmente frío y yo sólo quería llegar a casa y sentir como el hogar te acoge y te mece hasta quedarte dormido. 

No había casi nadie en la calle, todo el mundo se había refugiado de la hostilidad de esa noche. Al llegar al otro lado de la calle una señora de unos 70 y largos años, con bastón y una bolsa de basura en la mano me soltó:

"Quieta ahí. Sujeta bien a la niña y haz el favor de subir el pie a esa maceta, no vayas a hacerme agachar para atarte los cordones." 

Obedecí sin rechistar, y me ató los cordones con una delicadeza sublime, en medio de la noche y con un lazo perfecto. Acabó y me dijo: "Yo también he sido madre" con una tímida sonrisa que le devolví con un gracias entrecortado. 

Ya en casa, bajo las sábanas, me quedé pensando en lo bonito de los detalles, del observar y de pensar un poco más en los demás. Me quedé dormida con la agradable sensación que, un bebé, nos vuelve a todos más humanos. 

- Vivamos -

Hace alrededor de tres años Álvaro conducía un coche que ya se jubiló. Fuimos hasta un pueblo del interior de Catalunya y nos perdimos por carreteras secundarias mientras nos contábamos algunos secretos.

Me preguntó porqué idealizamos momentos que nunca existieron, vidas que pudimos tener y que ya nunca tendremos. Es muy fácil pensar y recrear una vida sobre suposiciones, ofuscarnos con situaciones que todavía no han llegado y pensar que si las cosas fueran de otra manera todo sería mucho más fácil. Nunca lo sabremos. Al igual que esa fotografía perdería su magia al volverse real, también la vida que proyectamos. Nada es nunca como lo imaginamos. Ni la situación más idílica viene sin arrastrar ninguna maleta. Todo lo que vemos, idealizamos e imaginamos es real en algún sitio. Y la realidad es lo predecible y lo azaroso, lo bello y lo vulgar, la emoción y la razón. Recordar ese viaje, ese verano, esa mano recorriendo mi espalda o esa fotografía. Es todo lo mismo: una bonita manera de hacer que las cosas nunca pierdan su magia. Dejarlas ya para siempre fuera de la realidad, sin hacerlas un principio de una búsqueda sin sentido. Así que recordemos todo aquello que nos hizo vibrar alguna vez, pero vivamos. 

Vivamos con todas nuestras fuerzas. 

Feliz año a todos!

 

Fue un día especial, que recuerdo con especial cariño. Pero hay un detalle que me hace pensar a menudo: Ese día hice una foto a unos árboles a través de un cristal empañado mientras se ponía el sol. Recuerdo hacer una sola fotografía, y enseñársela y que me dijera: Preciosa foto, Mo. No hay nada de especial en eso, si no fuera porque esa foto se perdió. La vimos una sola vez y desapareció. A día de hoy la conclusión más lógica es que la borramos accidentalmente sin darnos cuenta. Fuera como fuese hemos idealizado esa foto como si ella en si misma contuviera algo que no somos capaces de explicar. A menudo, cuando viajamos en coche, uno de los dos piensa en voz alta: ¿Te acuerdas de esa foto? Y hablamos sobre ella, sobre los colores que tenía. Tenemos una imagen mental de ella que estoy segura que defraudaría a nuestros corazones si fuéramos capaces de recuperarla. Si el azar hiciera que pudiéramos poseerla físicamente y dejar de ser una imagen mental nos daríamos cuenta que esa idealización es totalmente exagerada. Y aunque hemos intentado hacer esa misma foto otras veces, nunca hemos conseguido el mismo resultado. Era única por el momento.Es facil llegar a ese razonamiento cuando de trata de una vieja fotografía. Pero cuando se trata de momentos o situaciones, las posibilidades se vuelven más dolorosas. 


- Gritar al viento -

Mi bolsa pesa. Lo suficiente como para pensar, ya en el tren, que en dos días no voy a poder leer todos los libros que he metido en mi mochila.

Ariadna y yo hemos decidido "retirarnos" un par de días cerca de una preciosa costa: trabajar en distintos proyectos y alimentarnos es nuestra máxima preocupación. He dejado la cámara en casa, pensando que últimamente se me comen las horas y sintiendo que estos últimos meses se me han escurrido entre los dedos. Permanezco un rato pensando en lo finito del tiempo, en lo poco que le dedico exclusividad y en cómo me ha costado conseguir un fin de semana para mí, para relajarme con un libro, escribir, charlar sobre literatura o poder descubrir y leer al viento citas como ésta: 

"Verás que dispones de menos años de los que cuentas. Haz memoria de cuando estuviste seguro de tu propósito, cuántos días se desarrollaron como los habías programado, cuándo dispusiste de ti mismo, cuándo permaneció tu rostro inmutable y tú ánimo indemne, qué has hecho en tan largo tiempo, cuántos saquearon tu vida sin que sintieras la pérdida, cuánto se llevó el dolor vano, la alegría estúpida, el ávido deseo, los cumplidos, y qué poco ha quedado de lo tuyo. Comprenderás que mueres antes de tiempo. ¿Cuál es entonces la causa de todo eso? Vivís como si fuerais a vivir siempre, nunca recordáis vuestra fragilidad, no observáis cuanto tiempo ha pasado ya. (...) Oirás decir a la mayoría: "A los cincuenta años me jubilaré, a los sesenta me retiraré."¿Qué garantía tienes de una vida tan larga? ¿No te da reparo reservarte los restos de la vida y destinar a la sana reflexión sólo el tiempo que no puede emplearse en otra cosa? ¡Qué tarde es empezar a vivir cuando hay que terminar!" -Séneca-

Y por un par de días ya no importó el peso de mi mochila, ni la cámara olvidada encima de la mesa. Me quedo con las bonitas imágenes que captó mi mente, y algunas de las que os muestro rescatadas de mi teléfono. Me gustaría que, cuando me olvide de éstas palabras, hubiera alguien que lo gritara al viento tan fuerte como para escucharlo y recordar lo que al fin y al cabo importa de verdad. 

- Letters From Sweden 04 -















Y ésta vez, la historia empieza así: " Mónica, La ciudad está increíble. No miento si digo que este es el otoño más bonito que he visto y vivido nunca. Rojos, amarillos, naranjas, marrones, colores tan vivos que hacen difícil imaginar que en apenas unas semanas todo estará cubierto por un manto blanco. Hoy, un sábado cualquiera de Octubre, he salido a pasear y he querido que vinieras conmigo. Ponte la bufanda. Salimos ya." Marta. 

Para los que no lo sepáis Marta y yo llevamos una correspondencia desde que nos separamos, ella en Estocolmo, yo en Galicia. Lo hemos llamado Letters, y cada mes esperamos ansiosas la llegada del cartero. 

Lo que me ha mandado ésta vez, en las fotos parece bonito, pero os puedo asegurar que en directo es una auténtica preciosidad. He recorrido con Marta su paseo de sábado, he sentido el crujir de las hojas secas a nuestro paso y he podido percibir lo feliz que es en Estocolmo. Porque esto no lo manda cualquiera, es fruto de una tranquilidad de espíritu y serenidad absoluta. Y así, un Martes como hoy, voy a ponerme otra vez la bufanda, y voy a salir en busca de aire fresco y de un pedacito de mi día a día para meter en un sobre y mandarlo lejos, a través de ese íntimo hilo que Marta y yo hemos ido creando estos meses. Allá voy!  

- Refugio -










Los refugios, esos lugares dónde uno se siente en plena paz y libertad. Allí donde nos olvidamos de todo lo demás, y nuestra cabeza empieza a fluir con claridad. 


Yo tengo éstas sensaciones con el olor a patatas estofadas al entrar en casa de mi madre, en un sofá en un rincón del comedor que te arropa al sol después de comer, en unas sábanas recién lavadas. También en un buen libro y una larga lectura que se alarga en la noche. Y, si algún día me pierdo y no soy capaz de encontrarme, bien seguro andaré escondida en algún jardín botánico del mundo, perdida entre las húmedas vitrinas y las grandes vidrieras que dejan pasar el sol a modo de alimento para la flora del lugar. Estos espacios son para mi una especie de santuario, dónde sólo hay lugar para la vida, el agua, los colores y las texturas de las plantas y flores. Es una vuelta al origen que me hace sentir conectada conmigo misma de nuevo. 

Me podrás observar, con mi cámara, detrás de un cristal, con una de esas sonrisas que indican calma y sosiego. Lista para empezar otra vez la lucha que es la vida.