cristales

- Cuaderno de París / Jardin des Plantes -


No sé porqué me gusta fotografiar a través de cristales, cuanto más sucios mejor. 

Las texturas y reflejos que se crean me ponen de muy buen humor. 


Hace algo más de un par de años viví en un piso que unos amigos me alquilaron mientras ellos estaban en Méjico, fue mi cabaña durante unos meses en los que mi vida estaba dando tantos tumbos que me mareaba. Mi madre venía a verme a menudo y su mirada siempre se detenía en la gran vidriera que había en el comedor: llena polvo, con gotas de lluvia secadas por el sol y unas persianas enrollables de madera que me tenían el corazón robado. Su instinto de madre las habría limpiado a fondo, teniendo por seguro que así, con los cristales limpios me sentiría mejor. Pero nunca los limpié, y me harté a hacerles fotos por la mañana cuando me levantaba y un rayo de sol los atravesaba hasta llegar al suelo y calentar mis pies. Cuando entré en el invernadero del Jardin des Plantes de París no pude evitar fijarme en los cristales por limpiar que le daban esa sensación de hogar imperfecto y le quitaban todo el aire a museo que pudiera tener. Pasé un buen rato, paseando entre las plantas en silencio, fotografiando entre cristales llenos de historia que no hace tanto estaban en un piso de Barcelona,  ahora estan en una casa de Galicia y siento que me acompañan allí dónde voy.

- Recuerdos de un viaje - Enero 2013 -


Los recuerdos que vamos acumulando de los viajes andados muchas veces se desdibujan con el tiempo. 

Y recordamos sensaciones, anécdotas y personas que nos acompañaron durante unos días, unos meses, un verano. 


Viajar implica descubrir. Cosas de otros lugares, de nosotros mismos y de las personas que nos acompañan. Hay momentos en los viajes que tienen una energía única, y sabemos, que aunque volviéramos a ese sitio no seria lo mismo. Porque nosotros tampoco lo somos, y las experiencias nos habrán cambiado. A mi con las fotografías me pasa algo parecido. Y los paisajes capturados, los retratos hechos antes que salga el sol y las carreteras andadas se van diluyendo poco a poco en mi mente para dar paso a nuevas experiencias y fotografías. 
Éstas fotografías las saqué durante el viaje que hicimos por los Ancares, y son paisajes vistos desde los cristales de la furgoneta dónde dormíamos por la mañana antes que saliera el sol, cada día en un sitio distinto. 

Porque poco importa dónde estés, si estás en buena compañía y con una buena taza de café caliente en las manos.