- El olor de Alma -

Son las 7 de la mañana. Estamos en la cama. Ayer fuimos a dormir tarde porque quise acabar un poncho que llevo tejiendo desde hace semanas y que nunca encuentro el momento de terminar. Sabia naturaleza e instinto los que me llevan a acabarlo justo esta noche.

 

Desde hace algunos días nos vamos a dormir con la sensación de que algo se acerca, no podemos determinar cuándo, pero sentimos que no queda mucho. El relax y la calma han invadido nuestros días y los hemos envuelto de paciencia, caricias, paseos y largas conversaciones. 

Un pequeño dolor me ha despertado, sé que ese momento que hemos estado esperando durante meses está llegando. Todavía medio dormida busco la mano de mi compañero y le susurro unas palabras que le hacen abrir los ojos más rápido de lo habitual: "Creo que nuestra hija quiere nacer hoy". Como respuesta obtengo una sonrisa y unas tostadas con chocolate para desayunar a las que siguen una bañera de agua caliente y mi barriga y yo que nos sumergimos en un estado difícil de describir. No he tenido miedo durante todo el embarazo, siempre pensé que debía confiar en la naturaleza. Dentro de la bañera, sintiendo cada contracción cogida de la mano de la persona que amo rememoro cada uno de los momentos que nos han llevado hasta aquí. Pienso en las montañas que hemos subido juntos, en los últimos nueve meses que han creado una vida dentro de mí. Cierro los ojos y me sumerjo, buceando entre olas y saliendo de vez en cuando a coger aire para bucear de nuevo, paseando entre rocas, arena y rayos de sol que se cuelan entre algas y demás partículas casi invisibles. El tiempo ha adquirido otra dimensión, y lo único que me devuelve a la realidad es esa mano fuerte que me promete que nunca me va a dejar. Yo le creo, y con las luces apagadas me dejo llevar durante varias horas. El dolor, el empujar con todas mis fuerzas cogida a una sábana que alguien ha colgado del techo, el agua caliente que sale de dentro de mí y esa mano que nunca, nunca me suelta. 

Las palabras son insultantemente vulgares para poder describir muchos de los momentos que vivimos:

 El olor de Alma en mi pecho, su pequeño llanto y las horas que nos quedamos dormidas, desnudas bajo las sábanas. Esta vez me rindo al sueño, ya con la certeza que esas manos grandes que me arropan y esas otras que buscan mi pecho en un instinto de supervivencia tampoco voy a soltarlas, nunca.