- El mapa de un tesoro -

Hay sensaciones que sólo pueden sentirse de manera auténtica por primera vez . 

 

Nos acostumbramos a ciertos paisajes, olores, caminos... y dejamos de prestarles la importancia que merecen. Las costumbres nos vuelven perezosos de lo cotidiano. Pero hay algo que siempre ansío cuando se va acabando el verano: Hace unos años alguien me enseñó un camino que conservo como un mapa del tesoro y al que me gusta jugar a descubrir una y otra vez. Sorprenderme por el hecho que las escaleras y los pinos sigan ahí temporada tras temporada. Los grillos y las chicharras acompañan mis pasos sobre la pinaza, y el olor a verano, el mar y las noches estrelladas pueden percibirse a cada paso. El agua siempre está fría cuando poco a poco me sumerjo en estas aguas cristalinas y el musgo y los pequeños peces hacen cosquillas a mis pies resbaladizos, que sienten una vez más el frescor intenso de este verde aguamarina. Y podría viajar a través del océano, bucear todos los mares y conocer a todos los peces, que siempre volvería a este rincón, a sentir la libertad y el frescor de flotar en la inmensidad de un recuerdo que siempre se vuelve brillante y único al sentir todo mi cuerpo debajo de este agua, que se vuelve más y mas transparente a medida que me alejo de la orilla. 

Y, cuando mi respiración dice basta, salgo a la superficie, e invito al pirata que me acompaña a zambullirse a buscar conmigo el tesoro de ese mapa que nunca me canso de encontrar.