- Tenemos suerte, mucha. -


No nos hemos dado cuenta y ya ha pasado otro verano. 


De vuelta y con mis carretes revelados repaso una a una las fotografías de la brisa de la mañana, del olor a higos, de los espejos humedecidos y de las chicharras en noches de estrellas, noches de ésas de finales de Agosto en las que un jersey se vuelve imprescindible. 
Tenemos suerte, mucha. De ser capaces de disfrutar con pequeños paseos, de dormir hasta no poder más, de que la imagen que nos devuelve el espejo nos haga sonreír. Y una vez más hemos aprendido que el verano nos hace ver las cosas con perspectiva, que el tiempo se dilata y que lo importante se vuelve un poco más pequeño, a veces, incluso desaparece. Y sentimos ese ritmo interno que hace que todo vuelva a ponerse en su sitio, para volver. Volver a empezar,  volver a tener suerte.