- Con los ojos cerrados -


Las decisiones tomadas precipitadamente no siempre son mis aliadas, y muchas veces cometo errores por no tener en cuenta las consecuencias de un plan apetecible pero que no encaja con mi agenda o mis obligaciones.


Esta vez, en pijama desde la puerta de casa, despidiendo a Álvaro que se iba de camino a Asturias después de un intenso y agotador rodaje, decidí montarme en el coche, con lo puesto y 4 cosas que cogimos rápido y mal. Además de las risas que nos acompañaron durante 6 horas hasta nuestro destino tuve la grata sorpresa de conocer a María, una de esas personas que te deja con una sonrisa en la boca. 
El cansancio que llevaba acumulado hace que mis recuerdos de esos días estén un poco nublados, eso si, sé que volveremos a coincidir pronto y podré devolverle un poco de su generosidad. Algo me dice que no me equivoqué, que subir a ese coche fue una decisión acertada aunque me pareciera una locura en su momento. Y que dejarnos llevar siempre puede acabar en una cena improvisada, en una preciosa ciudad desconocida, en casa de alguien a quien acabas de conocer pero con quién te irías de viaje con los ojos cerrados.