- siempre vale la pena -



A veces tomamos decisiones que se quedan en meros trámites, y otras cambian muchas facetas de nuestras vidas. 


Hace ya unos meses, decidí venir a Galicia a vivir.  Ha sido difícil ubicarme en un sitio nuevo, sin apenas conocer a nadie. Mis maletas venían cargadas de amor, y aunque siempre he estado arriba y abajo, viviendo en Holanda, el Pirineo y el Empordà, creo que éste ha sido el cambio que más me ha tocado. Ésta es la segunda casa en la que viviré aquí en Galicia, y tengo que agradecer a Marcos su energía y sonrisa cada vez que entraba en la antigua casa y veía aparecer nuevas cajas que meter en la furgoneta de mudanzas. A Miguel, por hacer de ingeniero bajo la lluvia y ser capaz de colocar todas las sillas, mesas y cajitas con la etiqueta "delicado" después de hacer varios km por venir a ayudarnos. Y a Ade, por ser capaz de clasificar todos los libros por temas y por hacernos la vida más fácil cada vez que pisa el mismo suelo que nosotros. Chicos, os debo una merienda. 
Si hago un repaso de mis 29 años me doy cuenta que las cosas de las que estoy más orgullosa de haber hecho han ido precedidas de dudas, de muchos: estás segura?, de así no se hacen las cosas o de: cuándo vas a tocar de pies en el suelo? Pero así es como he llegado a ser la persona que soy hoy. Y claro que he perdido cosas por el camino. Pero he aprendido que somos la vida que vivimos, y que lo que nos perdemos no existe. Y ganamos, siempre ganamos. Yo he ganado un amor invencible, una casa que aspira a ser un hogar y la sensación que siempre vale la pena arriesgarse, porque siempre vienen cosas buenas por vivir.