- Dulce nostalgia -


No sé que tiene la ropa tendida al sol que produce en mí una dulce nostalgia. Una especie de vuelta al calor de los brazos de mi madre cuando era pequeña e indefensa. 

Y eso que vivíamos en un piso de Barcelona y colgábamos la ropa en la galería. Creo que todavía soy capaz de oler el limpio perfume que desprendía la colada y se colaba por la ventana de mi habitación. Es curioso como, seguramente todos, tenemos en la cabeza una imagen de un campo soleado, con dos palos de madera aguantando un largo cordel lleno de ropa blanca acabada de lavar. Ese bucólico momento de pasear entre las sábanas con olor a flores una tarde de verano, pensando en un apasionado beso con tu amor de la mano. Así que cuando veo ropa tendida en las ciudades, sonrío. Y no puedo parar de fotografiarla, pues me parece una manera de humanizar los balcones y el paisaje cotidiano. Un depósito de viejos pensamientos fijados a un frágil cordel, a la merced del viento.