- Viajes cercanos -















Muy a menudo, a lo largo de los meses que tiene un año, mi cuerpo siente la necesidad de viajar. 

De explorar lugares inhóspitos y lejanos, y me desplazo con la mente a los glaciares de la Patagonia, a los campos rurales de Mongolia, y a exóticas playas Australianas. 


A modo de juego, imagino como sería mi vida en una cabaña, en una roulotte delante del mar o siendo una nómada, llevando mi casa a cuestas. Antes que nada, tengo que decir que me encanta el sitio dónde vivo, rodeada de naturaleza y belleza. Pero ya desde hace años, uno se acostumbra a los sitios, y necesita nuevas experiencias, ver con los mismos ojos otros lugares y experimentar el éxtasis de pisar un sitio por primera vez. Hasta ahora he tenido la suerte de vivir en sitios dónde la frontera con otros países estaba relativamente cerca, antes era Francia, ahora es Portugal. Así que cuando siento esta necesidad de ver otras imágenes sólo tengo que coger el coche y conducir unas 3 horas, apareciendo en el país vecino. Ésta visita a Portugal duró un día entero, pero me cundió como una semana de viaje. Esa sensación de ver carteles en otra lengua, de observar la elegancia con la que llevan sombreros la mayoría de los hombres portugueses, o cómo la arquitectura se transforma, dando lugar a un nerviosismo propio de un niño que ve la playa o la nieve por primera vez. Os dejo con una serie de fotos que hice durante este día, y espero que como a mí, cada ventana os lleve a descubrir una vida detrás de ella.